domingo, 21 de septiembre de 2014

Semblanza de Jorge Luis Borges (este no es el título)

“ENTENDERSE ES UNA MISERIA”
Borges, el genial escritor y sabio Borges, fue víctima del bullying. Sin haber ido estado anteriormente en colegio alguno, entró directamente al cuarto grado en una escuela pública, a los 9 años.
Corría el año 1908. Sus compañeros de colegio se burlaban de él por ser el sabelotodo que llevaba anteojos, que vestía de forma demasiado pulcra, con ropa cara y que no gustaba de los deportes. Para empeorar las cosas, en esas épocas Borges tartamudeaba. ¿qué aprendió en esos años? Formas para pasar desapercibido y adquirir una personalidad polémica.
Jorge Francisco Isidoro Luis Borges nació 2 en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. A los cuatro años ya sabía leer y escribir, lo cual hace patente su genialidad. ¿Acaso el difícil carácter del cual haría gala en su adultez tuvo que ver con las experiencias arriba referidas? Es posible. Si Borges pronunció alguna vez la frase “entenderse es una miseria”, tal vez el origen de tal frase estuviera en los remotos hechos mencionados, indudablemente traumáticos para un chico frágil que se había criado entre libros, cuya vida eran los libros, una vida que lo llevaría a decir con respecto a ellos (cuando ya era ciego) “no puedo leerlos, pero su presencia es lo que importa”, o “la literatura es una operación misteriosa”.
y claro, saberse tan inteligente, ser maltratado por chicos que evidentemente no tenían su claridad de pensamiento, solo podía traer en el pequeño Borges una soberbia que se acentuaría con los años (hasta el punto de ser temido por los periodistas que querían entrevistarlo o decir con respecto al género novelístico “está llena de ripio”); también la ironía como método de defensa, la cual se haría afilada y elegante con el paso del tiempo (como responder un “constantemente” a la pregunta “¿Tiene ganas de plagiar?” en una entrevista).
Aun cuando en sus famosísimas obras (desde “el Aleph”, “Historia universal de la infamia” hasta “Ficciones”) Borges no enarboló una visión amarga de la vida (lo cual hubiera sido una deducción obvia dados los hechos de su niñez), tal vez sus declaraciones personales en entrevistas si lo hacieron, visión tanto amarga como irónica.
Frases como “el saber que no hay vida después de esta me tranquiliza” o “yo quiero ser olvidado” eran tanto a la vez burlonas para quienes las oyeron como manifiestos vitales (o antivitales): por un lado, el no querer volver a vivir una vida por demás pesarosa y por otro, la conciencia de una humanidad absurda a la cual no se desea ya pertenecer.
Incluso frases como “yo no tengo obra, mi obra es una miscelánea, una ilusión óptica de la tipografía” que pudieron parecer simplemente una falsa modestia burlona e irónica, tenían un trasfondo amargo: el saber que toda obra humana es fútil, sin sentido. Cada frase amarga de Borges estaba teñida de ironía, ironía que también se ensañó con él en su vida real.
Borges padecía una enfermedad congénita cuyo fin era la ceguera, enfermedad que ya había afectado a su padre, y que se dio en Borges en un proceso lento, hasta llegar a su clímax en 1955. El padecer esta enfermedad fue ya de por sí una gran ironía del destino para alguien cuya vida eran los libros.
El mentado clímax implicó que un oftalmólogo le prohibiera leer y escribir. Aunque aún distinguía luces y sombras, esta prohibición cambió profundamente su práctica literaria.
Pero la mayor ironía de dio poco después: Borges fue nombrado director de la Biblioteca Nacional Argentina. Él mismo lo relató su impresión ante estos hechos en una conferencia dos décadas más tarde: «Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos…»
¿Cómo no tener una visión amarga de la vida, entonces? ¿Cómo podría no haber pronunciado Borges una frase “escandalosa” como “la democracia es un abuso de la estadística”?

El escritor, cuyas controversiales posturas políticas le impidieron ganar el Premio Nobel de Literatura, al que fue candidato durante casi treinta años, murió en Suiza, Ginebra, el 14 de junio de 1986. Había vivido 87 años. ¿Cómo pudo atreverse a vivir tanto una persona con una visión tan amarga de la vida? Olvidamos que hablamos de la misma persona que en una entrevista, pronunció: “A un caballero solo le interesan las causas perdidas”.

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